Reproducción delictiva: Las prisiones operan como redes de contacto para el crimen organizado en lugar de espacios de corrección.
Deterioro social y psicológico: El encierro destruye los vínculos familiares, laborales y la salud mental, generando mayor vulnerabilidad al salir.
Violencia estructural: La sobrepoblación, la corrupción y el abandono estatal convierten a los centros penitenciarios en zonas de sobrevivencia extrema y no de pasificación.