Considero que, en un mundo ideal, la justicia no debería limitarse a castigar el delito, sino que debería buscar un equilibrio entre la sanción, la comprensión de las causas del comportamiento delictivo y la rehabilitación del delincuente. El castigo es necesario porque protege a la sociedad, establece límites y garantiza que quien comete un delito responda por sus actos; sin embargo, una justicia exclusivamente punitiva puede no solucionar las causas que llevaron a una persona a delinquir.
Desde la criminología, es fundamental estudiar los factores sociales, familiares, económicos, psicológicos y ambientales que pueden influir en la conducta criminal. Comprender estos factores no significa justificar el delito, sino generar mecanismos de prevención, tratamiento y reinserción social que reduzcan la reincidencia.
Respecto a la posibilidad de un sistema sin cárceles, considero que actualmente no es completamente viable. Existen delitos graves y personas que representan un riesgo significativo para la sociedad, por lo que la privación de libertad sigue siendo necesaria en determinados casos. Sin embargo, sí considero posible reducir considerablemente el uso de las cárceles mediante medidas alternativas, justicia restaurativa, programas de rehabilitación, educación, capacitación laboral y seguimiento posterior a la condena.
En conclusión, la verdadera finalidad de la justicia debería ser proteger a la sociedad y, cuando sea posible, transformar al infractor para que pueda reintegrarse a ella. Castigar sin rehabilitar puede generar reincidencia; rehabilitar sin establecer responsabilidad puede debilitar la protección social. Por ello, el desafío de la criminología y la criminalística es contribuir a un sistema de justicia que combine responsabilidad, prevención, reparación y reinserción social.