En el software moderno no es correcto elegir solo uno de los dos extremos. La verdadera calidad está en el equilibrio entre usabilidad, estética, robustez y privacidad.
Un sistema muy bonito y fácil de usar pero inseguro o inestable termina generando desconfianza y riesgo para el usuario. Por otro lado, un sistema extremadamente robusto y privado, pero difícil de entender, provoca abandono, errores de uso y baja adopción. Si el usuario no puede usarlo bien, en la práctica tampoco cumple su propósito.
Hoy el estándar profesional apunta a esto:
— La robustez y la seguridad no son negociables: el software debe funcionar correctamente, proteger datos y resistir fallos.
— La usabilidad y la claridad de interfaz tampoco son un lujo: son parte de la calidad del producto. Reducen errores humanos y mejoran la eficiencia.
— La estética no es solo “verse bonito”; también guía la comprensión y la experiencia de uso.
— La privacidad debe estar integrada desde el diseño (privacy by design), no añadirse después.
La mejor ingeniería de software busca que el sistema sea sólido por dentro y claro por fuera. No se trata de escoger entre “usable” o “seguro”, sino de diseñar para que ambos convivan.
Conclusión: en software moderno, lo más importante no es cuál gana, sino cómo se integran.