Desde una perspectiva rigurosamente técnica y jurídica, la Inteligencia Artificial debe ser considerada, de manera permanente, como una herramienta de optimización y procesamiento avanzado. La simulación de conciencia —por más sofisticada o indistinguible que resulte mediante pruebas de validación conductual— no equivale a la posesión de una experiencia subjetiva, autoconsciencia o sintiencia real.
Otorgar 'derechos' a un entramado algorítmico diluiría la responsabilidad legal y ética, la cual debe recaer de forma unívoca en los diseñadores, desarrolladores e instituciones que despliegan la tecnología. El marco regulatorio global debe orientarse a la gobernanza ética y a la seguridad operativa, manteniendo la subordinación de la máquina al servicio y bienestar del ser humano."