La diferencia entre personalización e invasión a la privacidad está en el control. Es útil cuando una app nos facilita las cosas con base en lo que elegimos; pero se vuelve invasiva cuando rastrea cada movimiento de forma oculta para usar nuestras emociones o momentos de debilidad en nuestra contra.
Sobre si compramos lo que queremos o lo que el algoritmo decide, la verdad es que nos influyen más de lo que creemos. El algoritmo no nos obliga a comprar, pero sí nos muestra tantas veces un producto aprovechando lo que nos gusta, nos preocupa o nos da curiosidad que termina convirtiendo una idea pasajera en una "necesidad". Creemos que elegimos con total libertad, pero en realidad estamos eligiendo dentro del menú que la tecnología preparó para nosotros.