En el marketing moderno, la confianza es la nueva moneda de cambio. Una marca que respeta la privacidad y pide permiso suele generar mayor lealtad que una que parece "espiar" a sus clientes.
La personalización llega hasta donde el usuario siente que mantiene el control; cuando la ayuda se convierte en vigilancia, empieza la invasión. No compramos estrictamente lo que el algoritmo nos dice, pero este actúa como un curador invisible que limita nuestras opciones a lo que 'predice' que nos gustará. El reto del marketing actual no es solo ser relevante, sino ser ético y transparente para no romper la confianza del consumidor.