Desde una perspectiva psicológica, podría decirse que la economía de la atención tiene algunos elementos que se parecen al condicionamiento operante. Este concepto fue desarrollado por B. F. Skinner y plantea que la conducta puede fortalecerse o debilitarse según las consecuencias que recibe, como refuerzos o castigos.
Si lo pensamos en el contexto de las redes sociales o las plataformas digitales, muchas acciones —por ejemplo publicar algo, revisar notificaciones o desplazarse en el feed— suelen estar acompañadas de refuerzos inmediatos, como “likes”, comentarios o nuevas actualizaciones. Estos estímulos funcionan de alguna manera como refuerzos positivos, que aumentan la probabilidad de que la persona repita la conducta.
Por eso, algunos autores sugieren que las plataformas digitales utilizan dinámicas que recuerdan a los programas de refuerzo intermitente, que en psicología se sabe que pueden mantener conductas durante más tiempo.
Sin embargo, también creo que es importante no reducir el fenómeno únicamente a un proceso conductista, ya que intervienen factores cognitivos, sociales y culturales, como la necesidad de reconocimiento, pertenencia o construcción de identidad. En ese sentido, la economía de la atención podría entenderse como un fenómeno complejo donde mecanismos psicológicos clásicos se combinan con dinámicas tecnológicas actuales.