Evaluación Integral en Adolescentes con Factores de Riesgo Psicosocial: Un Enfoque Multidimensional
El caso presentado refleja la importancia de realizar una evaluación psicológica integral cuando un adolescente manifiesta cambios conductuales, bajo rendimiento académico y antecedentes de exposición a violencia doméstica. No se trata solo de analizar síntomas aislados, sino de comprender al joven dentro de su contexto familiar, escolar y emocional.
En primer lugar, el alcance de la evaluación debe considerar la posible presencia de trastornos del aprendizaje, alteraciones emocionales y el impacto del entorno psicosocial. Desde los fundamentos de la evaluación psicológica, es clave definir objetivos claros, resguardar principios éticos, asegurar consentimiento informado de los padres y asentimiento del adolescente, además de garantizar confidencialidad y explicar sus límites, especialmente ante situaciones de riesgo.
Respecto a los instrumentos aplicados, el WISC-V permitirá identificar el perfil cognitivo del adolescente y posibles dificultades específicas en memoria de trabajo, velocidad de procesamiento o razonamiento. El BDI-II y el BAI aportan información relevante sobre sintomatología depresiva y ansiosa, considerando que el aislamiento, la desmotivación y el insomnio podrían estar asociados a un cuadro emocional. El TAT, por su parte, puede explorar conflictos internos, vivencias de estrés y posibles efectos emocionales derivados de la exposición a violencia.
Para una evaluación más exhaustiva, sería pertinente incorporar escalas conductuales como el CBCL o BASC-3, además de instrumentos específicos para evaluar síntomas de estrés postraumático, dado el antecedente de violencia doméstica. También podrían aplicarse pruebas neuropsicológicas complementarias si se detectan dificultades atencionales o ejecutivas.
Desde el contexto clínico, se deben observar indicadores de depresión, ansiedad o trauma. En el ámbito educativo, analizar si existen dificultades de aprendizaje específicas o si el bajo rendimiento es consecuencia del malestar emocional. En el contexto comunitario y familiar, evaluar el nivel de riesgo actual, la calidad del vínculo parental y la estabilidad del entorno.
En cuanto a la integración de resultados, el análisis debe ser multimétodo y multifuente. Por ejemplo, un perfil cognitivo dentro de rango promedio junto a altos niveles de ansiedad podría indicar que el problema no es intelectual, sino emocional. Del mismo modo, la impulsividad y agresividad podrían entenderse como respuestas a estrés crónico más que como un trastorno conductual aislado.
Las recomendaciones al equipo docente deberían centrarse en apoyo emocional, adecuaciones curriculares no significativas, acompañamiento constante y un enfoque formativo más que punitivo. A la familia, se sugiere psicoeducación sobre el impacto de la violencia en adolescentes, establecimiento de rutinas estables y eventual intervención familiar.
En conclusión, este caso evidencia que la evaluación psicológica en adolescentes con factores de riesgo psicosocial debe ser integral, contextualizada y ética. Solo así es posible diseñar un plan de intervención que no solo aborde síntomas, sino que promueva bienestar, adaptación escolar y desarrollo saludable.