Considero que las redes sociales sí están influyendo en la manera en que construimos nuestra identidad, aunque también funcionan como un reflejo de aspectos que ya forman parte de nosotros. En estos espacios solemos mostrar una versión seleccionada de nuestra vida, lo que puede llevarnos a buscar aprobación y a compararnos constantemente con los demás.
Sin embargo, no creo que las redes sociales sean necesariamente negativas. También pueden ayudarnos a mantener vínculos, conocer otras perspectivas y expresar quiénes somos. El problema aparece cuando la interacción digital comienza a sustituir por completo el contacto presencial y dejamos de desarrollar habilidades como escuchar, conversar y comprender al otro de manera profunda.
Por eso, más que pensar que estamos perdiendo nuestra capacidad de conectar, considero que necesitamos aprender a equilibrar ambos mundos. La tecnología puede acercarnos, pero la calidad de nuestras relaciones depende de cómo decidamos utilizarla y del espacio que sigamos dando a las conexiones humanas reales.