Creo que funcionan como un espejo aumentado: no han cambiado nuestra esencia, pero sí han amplificado nuestra necesidad de validación. El riesgo real no es perder la capacidad de conectar, sino que estamos priorizando una identidad curada y perfecta sobre la conexión real, que es más cruda y desordenada. Al final, la clave está en usar las redes como una herramienta de expresión sin dejar que los filtros definan quiénes somos fuera de la pantalla.