Las redes sociales hacen ambas cosas: reflejan quiénes somos y también nos transforman. Por un lado, muestran aspectos reales de nuestra identidad (gustos, opiniones, emociones), pero por otro, influyen en cómo nos presentamos, ya que tendemos a construir versiones más cuidadas o idealizadas de nosotros mismos. Esto puede hacer que nuestra identidad se vuelva más moldeable y dependiente de la aprobación social.
En cuanto a la conexión en el mundo real, no es que la estemos perdiendo por completo, pero sí puede verse afectada. El uso excesivo de redes puede reducir la interacción cara a cara y la profundidad de las relaciones. Sin embargo, también permiten mantener vínculos a distancia y crear nuevas formas de conexión.
En conclusión, las redes sociales no reemplazan la realidad, pero sí están cambiando la manera en que nos relacionamos y construimos nuestra identidad.