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"¿Creen que en la clínica actual el papel del psicólogo debe ser fortalecer el Yo para que el paciente aprenda a negociar con su Superyó, o consideran que el objetivo debe ser 'desmontar' por completo esas exigencias morales que causan el síntoma?"

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Creo que si solo fortalecés el Yo sin tocar el Superyó, el paciente se vuelve más funcional pero sigue sufriendo en silencio. Si solo atacás el Superyó sin fortalecer el Yo, el paciente se desregula.


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Desde el psicoanálisis estructural, el Yo es el mediador. No es el jefe, es el administrador. Su trabajo es negociar entre lo que desea el Ello, lo que exige el Superyó y lo que permite la realidad.
Si el Yo está débil, el Superyó se vuelve tiránico. El paciente queda atrapado en culpa, exigencias imposibles, autoboicot. Ahí el trabajo clínico es darle recursos al Yo: capacidad de tolerar frustración, de poner límites, de observarse sin desintegrarse. Que pueda decir “esto que me estás exigiendo es inhumano” y no ceder al síntoma.
2. “Desmontar” el Superyó: el riesgo del ideal*
El Superyó no es solo moralidad. Es también el depósito de mandatos parentales internalizados, muchos irracionales y crueles: “tenés que ser perfecto”, “no podés enojarte”, “si fallás no valés nada”.
Si el objetivo fuera desmontarlo por completo, terminarías con alguien sin brújula ética. Un Yo liberado pero sin dirección. Y el síntoma vuelve, porque el vacío moral también angustia.
Además: el Superyó no se “elimina”. Se transforma. Lo que se puede desmontar es su versión sádica, arcaica, heredada de los padres reales. No la función reguladora que te permite vivir en sociedad sin actuar cada impulso.
3. La clínica actual: ni fortalecer ni destruir. Reestructurar.
Hoy el enfoque más útil es trabajar el Superyó como objeto interno. Es decir, no tratarlo como una ley divina, sino como una voz que aprendiste y que podés cuestionar.
El objetivo no es que el paciente deje de tener exigencias. Es que pueda distinguir:
Exigencia sana “Quiero cuidar mi salud y cumplir con mi trabajo”.
Exigencia tiránica: “Si no soy el mejor, no sirvo para nada y merezco castigo”.
Ahí el Yo aprende a negociar: “Ok, quiero excelencia, pero no a costa de mi salud mental. Y si fallo, no soy un desastre, soy humano”.
4. El cambio de paradigma
La clínica moderna ya no busca un Yo “fuerte” en el sentido rígido y blindado. Busca un Yo flexible Que pueda sostener contradicción, culpa sin autoflagelo, y deseo sin culpa.
Y con el Superyó, el trabajo es humanizarlo. Pasar de un juez inquisidor a una voz crítica pero compasiva. Como un padre que te pone límites pero también te abraza cuando te caés.