la idea de que la cárcel reduce la violencia se basa en una lógica simple: si el castigo es severo, las personas evitarán cometer delitos. Sin embargo, décadas de investigaciones muestran que la realidad es mucho más compleja. La prisión puede incapacitar temporalmente a quienes están encarcelados, pero no necesariamente reduce la violencia a largo plazo.
En síntesis: la violencia no se elimina únicamente castigando; se reduce atacando las causas que la generan.