Aunque una inteligencia artificial pueda llegar a simular conciencia, actualmente debe considerarse una herramienta creada por humanos, ya que simular emociones o razonamiento no equivale necesariamente a tener conciencia real. Hablar de “derechos” para una IA requeriría demostrar científicamente que posee experiencia subjetiva, algo que hoy no existe. En cuanto a las decisiones erróneas de un algoritmo, la responsabilidad siempre debe recaer en las personas o entidades que lo diseñan, entrenan, implementan y supervisan, porque son quienes definen sus límites, objetivos y uso.