1. el trauma altera la forma en el que el cerebro procesa la realidad
cuando se atraviesa un evento traumático, el sistema nervioso sufre un impacto fisiológico y cognitivo. No es solo un mal recuerdo que genera emociones pasajeras:
cambian las creencias centrales: se rompen esquemas básicos sobre uno mismo y el mundo. un evento grave puede instalar creencias automáticas profundas como que el mundo es un lugar peligroso o no puedo confiar en nadie.
altera la interpretación: cambia la forma en que la mente interpreta los estímulos cotidianos coman haciendo que la persona responda con hipervigilancia, miedo o evitación ante cosas que antes no le afectaban.
2. afecta como nos sentimos y como no comportamos
a corto y mediano plazo, el trauma influye directamente en las emociones y en las conductas cotidianas:
mantiene el cuerpo en un estado de alerta fisiológica constante problemas para dormir con atención o sobresaltos
modifica la forma de relacionarse con los demás aislamiento, dificultad para vincularse, conductas de evitación
3. significa eso que cambia quiénes somos para siempre?
en la psicología cognitivo conductual se entiende que el trauma no borra la esencia ni la identidad de la persona, sino que condiciona su respuesta .
lo que cambia es la manera en lo que las personas han aprendido a protegerse. Si esos mecanismos de protección como la educación, o la desconfianza, se mantienen durante años, la persona siente que cambió de personalidad sin embargo esto no es definitivo.
4. el concepto de crecimiento postraumático
a través de la reestructuración cognitiva y el procesamiento del evento, no es solo posible integrar la experiencia para que deje de doler, sino que muchas personas desarrollan lo que se conoce como crecimiento postraumático:
mayor apreciación de la vida y ajuste de prioridades
desarrollo de nuevas fortalezas personales y mayor resiliencia
relaciones más profundas y auténticas
el trauma modifica la forma en que sentimos y reaccionamos, y si no se procesa, puede alterar el rumbo de nuestra vida. pero no cambia de forma fluya quiénes somos: con el abordaje adecuado, la persona puede recuperar el control y reorganizar su identidad mucho más allá del dolor sufrido