La influencia de las redes sociales en la autoimagen no distingue de géneros, aunque los efectos pueden variar. En el caso de las mujeres, la exposición a modelos de belleza inalcanzables puede generar inseguridad, baja autoestima e incluso trastornos alimenticios. En los hombres, las imágenes de cuerpos musculosos y atléticos crean una presión similar, llevándolos a compararse con un estándar físico poco realista.
El problema radica en que lo que vemos en redes no es un reflejo de la vida real, sino una versión editada y filtrada de la misma. Los perfiles personales y de influencers presentan una realidad alterada, donde cada foto y vídeo han sido cuidadosamente seleccionados para encajar en una estética atractiva. Esto crea una expectativa poco realista de lo que es la belleza y el éxito, generando insatisfacción en quienes no logran alcanzar ese ideal.