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Entre 2000 y 2015, se documentaron abusos sistemáticos o recurrentes en los centros correccionales juveniles financiados por el estado en 29 estados y el Distrito de Columbia. Desde 2015, la oleada de denuncias de abuso en centros de internamiento juvenil ha continuado, con alarmantes revelaciones de abuso generalizado en Florida, Nuevo Hampshire y Texas, entre otros estados. Las encuestas realizadas a jóvenes actualmente o anteriormente internados revelan que muchos han sufrido abusos físicos o sexuales en sus centros por parte del personal o de sus compañeros, y que la mayoría ha presenciado abusos, a menudo de forma reiterada.

Las disparidades raciales y étnicas en el encarcelamiento son enormes e injustas. Los jóvenes negros y otros jóvenes de color son encarcelados en centros de detención (el equivalente a las cárceles en el sistema de justicia para adultos) a tasas mucho más altas que sus pares blancos. Numerosos estudios han demostrado que estas disparidades en la detención se deben, al menos en parte, a decisiones sesgadas contra los jóvenes de color. Los jóvenes de color también son encarcelados de manera desproporcionada en la fase correccional del proceso judicial juvenil, después de ser declarados culpables de un delito. Las investigaciones indican que las disparidades en el confinamiento correccional se deben principalmente al impacto acumulativo de grandes disparidades en las primeras etapas de la intervención del sistema de justicia (arresto, procesamiento formal en el tribunal y detención).

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