Creo que sí es posible que una empresa sea ética y rentable, siempre que sus decisiones se basen en valores claros y sostenibles. La ética genera confianza y lealtad, lo que puede traducirse en ganancias a largo plazo. Aunque el mercado a veces presione por atajos, sacrificar principios puede ofrecer beneficios rápidos, pero daña la reputación y la sostenibilidad futura. En mi experiencia, mantener la ética es la estrategia más sólida para un éxito duradero.