dilema del directivo moderno no radica en elegir entre optimización (procesos y datos) o empatía (personas y emociones), sino en comprender que son dos caras de la misma moneda para lograr resultados sostenibles.
En la era actual, la automatización y la inteligencia artificial pueden encargarse de los datos, pero solo el criterio humano y la empatía pueden gestionar la cultura y la moral de los equipos.