En mi opinión, en un mundo ideal u utópico, se supone que no hay delito, y que cada persona conoce sus límites, por lo tanto no habría necesidad de que intervenga la justicia. Ahora, viviendo en la realidad en la que estamos inmersos, se debe tanto castigar el delito como también rehabilitar al delincuente para que haya equilibrio y coherencia en la manera en que procede la justicia penal y los ciudadanos nos sintamos seguros y con garantías de que esto funcione.
No veo posible un sistema sin cárceles, ya que siempre van a haber ciudadanos que transgredan las normas, porque no existe en países subdesarrollados mano dura para quienes ya hayan causado muertes, ni un sistema de educación eficiente como Alemania, Irlanda, Finlandia según documentales, en los cuales son contados con los dedos la cantidad de reclusos que habitan las cárceles. Esto se debe a que en estos países los ciudadanos ya tienen incorporado desde pequeños y está normalizado el respeto por el otro.