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No nos  estaremos quedando muy pegados al DSM-5?; un diagnóstico no es solo marcar una lista de síntomas.

para ayudar de verdad, hay que mirar la función cerebral comprueba como el WISC-V o el ENFEN. menos etiquetas de manual y más ciencia aplicada a la corteza prefrontal. Mi pregunta : Estamos evaluando seres humanos en su complejidad o solo confirmando etiqueta que la neurociencia ya está dejando atrás?

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Concuerdo totalmente. Siento que el DSM-5 se ha vuelto una zona de confort que a veces nos nubla la vista. Al final, un manual es solo una foto estática de un síntoma, pero no te explica el "cómo" ni el "por qué" de esa conducta.

​Si nos quedamos pegados en la etiqueta, nos perdemos la riqueza del perfil neuropsicológico. Por ejemplo, dos niños pueden cumplir los criterios de TDAH en el manual, pero al aplicar un WISC-V o un ENFEN, descubres que uno tiene un problema de memoria de trabajo y el otro una falla en la flexibilidad cognitiva o en el control inhibitorio de la corteza prefrontal. Son mundos cerebrales distintos que requieren intervenciones distintas.

​La neurociencia ya nos está gritando que el diagnóstico debe ser funcional, no solo descriptivo. Si no miramos la función cerebral aplicada, estamos evaluando una etiqueta que la ciencia ya está dejando atrás, en lugar de a un ser humano en toda su complejidad.

​¿No estaremos siendo cómplices de una "psicología de etiquetas" por miedo a profundizar en la neuropsicología clínica?

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Es un debate fundamental que nos invita a cuestionar la hegemonía del modelo categorial frente al enfoque dimensional y neuropsicológico. El DSM-5, aunque útil como lenguaje común y herramienta estadística, a menudo se queda corto al reducir la experiencia humana a una sumatoria de síntomas descriptivos. Al limitarnos a "marcar casillas", corremos el riesgo de ignorar la etiología subyacente y la individualidad de cada proceso cognitivo, transformando el diagnóstico en un punto de llegada en lugar de un punto de partida para la intervención clínica y educativa.

La verdadera comprensión del funcionamiento humano reside en la evaluación de los procesos, no solo de las conductas observables. Herramientas como el WISC-V o la Evaluación Neuropsicológica de las Funciones Ejecutivas en Niños (ENFEN) nos permiten observar la arquitectura de la corteza prefrontal en acción, analizando variables como la flexibilidad cognitiva, la memoria de trabajo y la inhibición. Este enfoque de ciencia aplicada permite identificar dónde falla el engranaje ejecutivo, ofreciendo una hoja de ruta mucho más precisa y personalizada que una etiqueta diagnóstica que, por sí sola, no explica cómo ese individuo procesa el mundo.

En última instancia, parece que estamos en una transición necesaria hacia una neurociencia clínica que deje atrás las etiquetas estáticas. Evaluar seres humanos en su complejidad implica entender que un mismo diagnóstico puede tener perfiles neuropsicológicos radicalmente distintos. El reto actual es integrar la riqueza de la psicometría moderna con la práctica diaria, asegurando que el profesional no sea un "confirmador de etiquetas", sino un investigador de la funcionalidad cerebral que prioriza el potencial de desarrollo y la plasticidad sobre el estigma de un código de manual.

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