Desde la neuropsicología, sabemos que el cerebro busca eficiencia. Si nos acostumbramos a interacciones breves y controladas (donde podemos editar un mensaje antes de enviarlo), la interacción en el mundo real —que es caótica, impredecible y no tiene botón de "deshacer"— puede empezar a percibirse como algo estresante o agotador.
Probablemente sean ambas. Las redes actúan como un espejo de nuestra necesidad humana de pertenencias, pero las herramientas tecnológicas son tan potentes que están moldeando la forma en que estructuramos nuestra identidad para adaptarnos a este nuevo ecosistema.