Las redes sociales no son solo un espejo de lo que somos, sino que sí están redefiniendo nuestra identidad. Antes nuestra imagen se construía principalmente en espacios físicos: familia, escuela, amigos. Ahora también se construye en un escenario digital donde constantemente estamos expuestos a la mirada de los demás.
Sobre la conexión en el mundo real, no pienso que la estemos perdiendo completamente, pero sí se está debilitando en algunos casos. La comunicación cara a cara implica emociones, gestos y empatía que no siempre se transmiten por una pantalla. Creo que el desafío no es dejar las redes, sino aprender a equilibrarlas con relaciones reales y significativas.