La respuesta más sólida desde la psicología es: ambas cosas.
Las redes sociales actúan como espejo y como escenario de construcción identitaria.
Espejo de lo que siempre fuimos
Desde miradas como la de Pichón-Rivière, la identidad es siempre vincular, construida en interacción con otros.
Las redes simplemente visibilizan y amplifican rasgos, necesidades y mecanismos que ya existían:
- La necesidad de pertenecer (Lewin: “el grupo como campo que moldea conductas”).
- La búsqueda de reconocimiento (Klein: necesidad de objetos buenos, validación).
- La comparación social (Festinger: teoría clásica).
- La creación de máscaras sociales (Goffman: “la vida como escenario”).
Lo que hacen las redes es hacerlo más evidente, más rápido y frente a un público más grande.
Escenario que redefine quiénes somos
Pero las redes también modifican la identidad, porque:
- Crean roles sociales nuevos (curador, influencer, observador pasivo, creador).
- Introducen normas invisibles que condicionan nuestra autoimagen.
- Cambian la estructura del vínculo: antes había grupos pequeños; hoy la audiencia es masiva.
La identidad online puede actuar como identidad experimental:
“¿Quién soy cuando nadie me interrumpe? ¿Quién soy cuando todos pueden mirar?”
Es un contexto que puede empoderar o fragmentar.
¿Estamos perdiendo la capacidad de ¿conectar en el mundo real?
No exactamente “perdiendo”, pero sí transformando la forma de vincularnos.
Riesgo real: conexiones más superficiales
Muchos estudios muestran:
- Más tiempo en redes → menos tiempo en vínculos presenciales significativos.
- Aumento de ansiedad social (sobre todo en adolescentes).
- Dificultad para sostener conversaciones profundas.
El problema no es la tecnología en sí, sino su uso compulsivo, reforzado por dopamina y algoritmos orientados a retención.
Pero también ganamos nuevas formas de conexión
Para muchas personas, las redes permiten:
- Encontrar comunidades que no existen en su entorno.
- Sentir pertenencia cuando en su vida cotidiana hay soledad.
- Explorar identidad (género, cultura, intereses) sin miedo al juicio inmediato.
🧠 En psicología social diríamos:
Las redes no reemplazan la conexión real, pero reconfiguran:
- el tiempo que dedicamos a cada vínculo,
- la profundidad emocional,
- la forma de construir identidad y pertenencia.
Entonces… ¿qué está pasando realmente?
La identidad está en proceso de “hibridación”
Ya no somos solo “lo que hacemos en el mundo real”, ni solo “lo que mostramos online”.
Somos la mezcla de ambos mundos.
Estamos más conectados… pero a veces menos vinculados
Conexión ≠ vínculo.
Un vínculo requiere presencia simbólica, emocional y corporal.
Eso no siempre está en las redes.
El riesgo es perder la capacidad de tolerar el silencio, la espera y la incomodidad del vínculo real
Las redes nos acostumbran a:
- respuestas inmediatas,
- elogios rápidos,
- gratificación constante,
- edición del yo.
La vida real no es así, y ahí aparece el choque.
No estamos “perdiendo” humanidad: estamos en transición
Toda revolución comunicacional redefine identidad y vínculos:
la escritura, la imprenta, la radio, la TV…
Las redes son la versión más intensa y acelerada.
Tu mirada como psicóloga en formación
Desde lo que venís trabajando en tus estudios (Pichon-Rivière, vínculos, procesos grupales, identidad, conciencia), esta pregunta es clave porque te permite pensar:
- Cómo las redes crean nuevas formas de grupo operativo.
- Qué roles emergen en los vínculos digitales.
- Cómo la identidad puede fragmentarse o fortalecerse.
- Qué signos observar en pacientes con dependencia a redes.
- Cómo acompañar procesos de reconstrucción del yo más auténtico.
Son un espejo de lo que ya éramos
Porque al final, lo que publicamos sale de nosotros: nuestros gustos, lo que nos enfada, lo que nos hace reír. Si somos amables, lo seremos en redes. Si somos curiosos, buscaremos información. El espejo refleja lo que ya llevamos dentro.
Y también nos redefine con los me gusta de una foto, con lo que subimos, lo que vemos y nos cuesta adaptarnos a lo real y no a lo que vemos constantemente en redes