Las redes sociales actúan tanto como un espejo distorsionado que amplifica la búsqueda de validación y estándares poco realistas, como un agente que redefine la identidad digital al fomentar comparaciones constantes. Si bien facilitan conexiones, su uso excesivo puede disminuir la calidad de las relaciones reales y la presencia en el momento presente.
En resumen, las redes sociales están transformando la identidad y la forma en que nos relacionamos, moviéndonos hacia una necesidad constante de aprobación y alterando la interacción social auténtica.
Las redes no son buenas ni malas, son como un amplificador de nuestra psicología. Lo bueno se vuelve más bueno (conectar, aprender) y lo frágil se vuelve más frágil (autoestima baja, ansiedad, soledad).