En la práctica profesional pueden presentarse situaciones en las que el psicólogo, a partir de sus conocimientos y de la evaluación realizada, considere que determinada decisión podría perjudicar al paciente. Sin embargo, también debe respetar su autonomía, sus valores y su derecho a tomar decisiones sobre su propia vida.
Esto puede generar un dilema entre principios fundamentales como la autonomía, la beneficencia y la no maleficencia, además de poner en juego los límites de la intervención profesional.
Por eso, propongo debatir:
¿Hasta dónde debería intervenir el psicólogo para proteger el bienestar de una persona sin caer en una actitud paternalista ni vulnerar su autonomía? ¿Consideran que existen situaciones en las que el principio de beneficencia debería prevalecer sobre la decisión del paciente?