Honestamente, creo que las redes sociales son un poco de ambas cosas, pero con un "filtro" que lo cambia todo. No es que hayamos dejado de ser nosotros, es que ahora tenemos una vitrina abierta las 24 horas. Para los que crecimos aquí, rodeados de pantallas pero también de una cultura muy de "calle" y de contacto humano, se siente como un espejo que a veces deforma la imagen. Nuestra identidad está ahí, pero la moldeamos para que encaje en el feed; al final, depende de la personalidad de cada quien y de esos valores que te sembraron en casa el decidir si te conviertes en un personaje o si usas la plataforma para potenciar quién ya eres.
Sobre si estamos perdiendo la conexión real, ¡qué va! Es verdad que a veces estamos todos en una mesa y cada quien anda pendiente de su teléfono, pero la esencia no se muere tan fácil. Al final del día, un like jamás va a sustituir el calor de un abrazo o una buena charla cara a cara con un café de por medio. Aunque las redes influyan y nos pongan a dudar a veces, creo que nuestra generación todavía tiene esa chispa para distinguir que lo que pasa en la pantalla es solo un fragmento, y que la vida de verdad ocurre cuando guardamos el celular y nos miramos a los ojos.
Y ustedes, ¿sienten que dominan su perfil o que el algoritmo los está moldeando un poquito a su antojo? ¡Me encantaría ver qué piensan mis compañeros!