Es importante tener presente que las redes no son entes autónomos, sino extensiones de nuestra psicología que, paradójicamente, terminan degradando la calidad de lo que intentan facilitar: la conexión humana.
Hay tres puntos importantes que considero necesarios tomar en cuenta:
- La Paradoja de la "Conexión Artificial": Las redes ofrecen una ilusión de proximidad. Aunque fueron creadas para acercarnos, al eliminar el lenguaje no verbal (miradas, tono de voz, lenguaje corporal), nos quitan las herramientas que usamos para empatizar de verdad. La pantalla funciona como un escudo donde las emociones se "editan" en lugar de vivirse.
2. El Ser Humano como Programador del Espejo: Podemos ver a las redes sociales como un espejo cóncavo: nos devuelven nuestra imagen, pero deformada. No es que la red sea "mala" por sí misma, sino que nosotros proyectamos en ella nuestras carencias y el deseo de ser vistos, lo que termina creando una identidad que es más una actuación que una realidad.
3. La Conexión de Bajo Costo: En estos tiempos en los que hay tantas plataformas para "conectar" estamos confundiendo "estar informados sobre alguien" con "conectar con alguien". Ver la historia de Instagram de un amigo no es conectar; es consumir un dato. Esa facilidad de acceso, atrofia nuestra capacidad de esforzarnos por relaciones reales, que requieren tiempo y presencia física.
En resumen, Las redes sociales son herramientas que reflejan nuestra necesidad de contacto, pero que, al usarlas como sustituto del mundo real, terminan redefiniendo nuestra identidad como seres que prefieren la comodidad del filtro sobre la vulnerabilidad de la presencia.
Por ejemplo: He notado que desde que WhatsApp tiene la opción de reaccionar a los estados, la conexión que se daba comentando los mismos estados, se ha reducido a un corazón que indica "me gusta" la publicación, entonces, lo que debería ser u n puente termina siendo un muro.