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Accesibilidad educativa

El costo de estudiar: educación, desigualdad y movilidad social

Cómo la desigualdad económica condiciona el acceso a la educación superior y la movilidad entre generaciones, según el Panorama Social 2025 de la CEPAL.

  • Por Equipo editorial OLEE
  • Tipo: Análisis documental
  • 9 min de lectura
Estudiantes trabajando en una mesa de biblioteca
Imagen ilustrativa. Fotografía: Unsplash.

Cómo leer este análisis:Dato observadoProyección o estimaciónInterpretación o recomendación de la fuente

Resumen ejecutivo

En América Latina, la posibilidad de estudiar sigue estrechamente ligada al origen social. El Panorama Social de América Latina y el Caribe, 2025 de la CEPAL documenta que la movilidad educativa entre generaciones mejoró en primaria y secundaria, pero que en la educación superior el nivel educativo de madres y padres «sigue siendo un determinante fundamental». También señala que, a mayor desigualdad de ingresos en un país, menor es la probabilidad de que hijas e hijos alcancen un nivel educativo más alto. En los datos del informe, el 62 % de los jóvenes con al menos un progenitor con educación terciaria completa alcanzó ese nivel, frente al 9 % de quienes tienen padres sin primaria completa. Este análisis revisa esos hallazgos junto con los datos de desigualdad, pobreza y gasto público, y aclara lo que la fuente no permite afirmar.

Contexto y pregunta central

Estudiar tiene costos que van más allá de la colegiatura: transporte, materiales, conectividad, tiempo de cuidado y, sobre todo, el ingreso que una persona deja de percibir mientras estudia. En una región donde el decil más rico concentra en promedio un tercio del ingreso total, más de 20 veces lo que recibe el decil más pobre (CEPAL, 2025, p. 15), esos costos no pesan igual para todos.

La pregunta de este análisis es: ¿qué dice la evidencia regional más reciente sobre la relación entre desigualdad económica, acceso a la educación y movilidad social? La fuente es el Panorama Social de América Latina y el Caribe, 2025: cómo salir de la trampa de alta desigualdad, baja movilidad social y débil cohesión social, publicado por la CEPAL en noviembre de 2025. Este análisis se basa en el informe completo (LC/PUB.2025/23-P).

Hallazgos documentados

1. Una región todavía muy desigual

Dato observado El índice de Gini promedio de 12 países bajó de 0,469 en 2021 a 0,452 en 2024 (CEPAL, 2025, p. 15). La CEPAL advierte que se trata de «variaciones reducidas que no implican transformaciones estructurales». Como referencia, en 2023 el promedio de 15 países latinoamericanos fue de 0,450, frente a 0,315 en 33 países de la OCDE (p. 13).

Dato observado La pobreza alcanzó al 25,5 % de la población en 2024 y la pobreza extrema al 9,8 %, en el promedio ponderado de 18 países (CEPAL, 2025, p. 21). La tasa de pobreza es la más baja desde que existe registro comparable, aunque el informe señala que México y Brasil explican la mayor parte de la reducción de 2024.

2. La educación superior sigue dependiendo del hogar de origen

Dato observado Según la CEPAL, la movilidad educativa intergeneracional mejoró en las últimas dos décadas, sobre todo en primaria y secundaria. En la educación superior, en cambio, «el nivel educativo de madres y padres sigue siendo un determinante fundamental», y la movilidad es «especialmente reducida en el quintil de menores ingresos» (CEPAL, 2025, p. 18).

Dato observado El informe encuentra una relación negativa entre desigualdad y movilidad: «a mayor desigualdad de ingresos en un país, menor es la probabilidad de que las hijas e hijos lleguen a tener un nivel educativo más alto» (CEPAL, 2025, p. 18). Añade que la desigualdad de oportunidades educativas en la región es «más del doble» que en los países de la OCDE.

Dato observado El capítulo II del informe cuantifica esa dependencia con jóvenes de 25 a 29 años que aún viven con al menos uno de sus progenitores, en 16 países, alrededor de 2023 (CEPAL, 2025, p. 98, gráfico II.6):

Jóvenes de 25 a 29 años que completaron educación terciaria de cuatro años o más, según el nivel educativo de sus padres (alrededor de 2023)
Nivel educativo más alto de la madre o el padreCompletaron terciaria
Terciaria completa (cuatro años o más)62 %
Secundaria completa31 %
Primaria incompleta9 %

Fuente: CEPAL (2025), Panorama Social de América Latina y el Caribe, 2025, p. 98, gráfico II.6. Promedio simple de 16 países.

La CEPAL concluye que la movilidad en el nivel superior «seguiría dependiendo en gran medida» del nivel educativo de los progenitores, «sin grandes cambios en las últimas dos décadas» (CEPAL, 2025, p. 98). En cambio, en la secundaria la mejora es visible: el 89 % de los jóvenes con al menos un progenitor con secundaria completa termina ese nivel, frente al 50 % cuando los padres no terminaron la primaria (p. 98).

Interpretación del informe El informe advierte que su método puede sobrestimar la movilidad ascendente, porque solo observa a los jóvenes que siguen viviendo con sus padres (alrededor del 42 % de ese grupo de edad), y que para la mayoría de los jóvenes latinoamericanos (58 %) «la rigidez y la baja movilidad educativa siguen siendo una realidad» (CEPAL, 2025, pp. 96, 100).

3. Las brechas se acumulan por territorio y origen étnico

Dato observado Entre jóvenes de 20 a 29 años, el acceso a la educación superior es menor entre la población indígena, y aún más bajo en las zonas con mayor presencia indígena (CEPAL, 2025, p. 26, gráfico 7):

Acceso a la educación superior, jóvenes de 20 a 29 años, en el quintil territorial de mayor presencia indígena
País y año censalPoblación indígenaPoblación no indígena
Guatemala (2018)3,3 %19,8 %
México (2020)9,5 %21,3 %
Perú (2017)19,2 %39,6 %

Fuente: CEPAL (2025), Panorama Social de América Latina y el Caribe, 2025, p. 26, gráfico 7. Censos de la ronda 2020.

4. La educación pesa en la pobreza multidimensional

Dato observado La pobreza multidimensional bajó de 34,4 % en 2014 a 20,9 % en 2024. La dimensión de educación explica el 22,8 % de esa pobreza en torno a 2024 (CEPAL, 2025, p. 22).

5. El gasto público en educación y las respuestas propuestas

Dato observado En 2024, el gasto del gobierno central en la función educación equivalió al 3,8 % del PIB en América Latina (CEPAL, 2025, p. 31). El informe agrega, citando a Huepe (2024), que la inversión por estudiante en los países de la OCDE es más de cuatro veces superior a la de los países de América Latina y el Caribe (p. 100). La cifra corresponde al gobierno central y puede no incluir el gasto de los niveles subnacionales.

Recomendación del informe Para reducir las barreras de acceso, la CEPAL propone, entre otras medidas, «becas, protección de ingresos y cuidados integrales» para universalizar la secundaria (p. 18), «cuotas o becas específicas» para pueblos indígenas en la educación secundaria y superior, y «cupos en universidades; ayudas económicas y subsidios para materiales y transporte» para personas migrantes (pp. 26-27). El informe sostiene que invertir en educación «no debe entenderse como una consecuencia del desarrollo, sino como una condición indispensable para alcanzarlo» (p. 18).

Análisis de OLEE

Esta sección presenta la interpretación del equipo editorial de OLEE. No es un resultado de investigación de campo propia.

El costo de estudiar es también un costo de oportunidad. Aunque el informe no cuantifica el gasto de los hogares en educación, sus hallazgos permiten una lectura coherente: en hogares con ingresos bajos, cada año de estudio compite con la necesidad de generar ingresos o de cuidar a otros. La CEPAL documenta, por ejemplo, que entre las mujeres de 20 a 24 años con niños pequeños en el hogar, el 41,4 % realiza trabajo de cuidados no remunerado, frente al 8,7 % de las que no tienen niños (CEPAL, 2025, p. 24). Estas cargas reducen el tiempo disponible para estudiar.

La educación superior es el punto donde la desigualdad pesa más. Los avances en primaria y secundaria muestran que las políticas de acceso funcionan. El cuello de botella está ahora en la educación superior, donde el origen familiar sigue marcando quién llega y quién permanece. Por eso, las medidas que reducen costos directos e indirectos, como becas, apoyos de transporte o modalidades flexibles, tienen un potencial especial en este nivel.

La desigualdad se reproduce a sí misma. Si una mayor desigualdad de ingresos se asocia con menor movilidad educativa, y la educación es a su vez un factor de ingresos, la región enfrenta el círculo que la CEPAL describe como una «trampa». Romperlo requiere actuar a la vez sobre el acceso a la educación y sobre la calidad del empleo al que esa educación conduce.

Implicaciones para Latinoamérica

  • Medir el costo real de estudiar: la región necesita datos comparables sobre lo que gastan los hogares en educación superior y sobre el ingreso que dejan de percibir los estudiantes. Esta información es escasa en las fuentes regionales revisadas.
  • Diseñar apoyos para los momentos de mayor riesgo: la transición de la secundaria a la educación superior y los primeros años de estudio concentran las barreras que la CEPAL identifica.
  • Flexibilidad como política de acceso: para quienes trabajan o cuidan, la duración de los programas, los horarios y la modalidad pueden pesar tanto como la colegiatura.
  • Enfoque territorial y étnico: las brechas de acceso de la población indígena muestran que los promedios nacionales ocultan desigualdades profundas.

Limitaciones de la evidencia

  • El informe no cuantifica colegiaturas, matrículas ni el gasto de los hogares en educación, por lo que el costo directo de estudiar no puede estimarse con esta fuente.
  • Los datos de movilidad educativa se refieren a jóvenes de 25 a 29 años que aún viven con al menos uno de sus progenitores, lo que, según la propia CEPAL, puede sobrestimar la movilidad ascendente.
  • Las cifras regionales cubren distintos grupos de países (de 6 a 24 según el indicador) y combinan promedios simples y ponderados.
  • Los datos sobre población indígena provienen de censos de distintos años (2017 a 2020) y de un número limitado de países.
  • Las relaciones entre desigualdad y movilidad educativa son correlaciones; no establecen por sí solas una relación causal.

Conclusiones

La evidencia de la CEPAL muestra una región que ha ampliado el acceso a la educación básica, pero donde la educación superior sigue siendo mucho más accesible para quienes provienen de hogares con mayores ingresos y mayor nivel educativo. La desigualdad económica limita la movilidad educativa, y esa menor movilidad contribuye a perpetuar la desigualdad. Comprender mejor el costo real de estudiar, incluidos el tiempo, los cuidados y los ingresos que se dejan de percibir, es una condición para diseñar ofertas y políticas educativas que lleguen a quienes hoy quedan fuera.

Referencias

  1. Comisión Económica para América Latina y el Caribe. (2025). Panorama Social de América Latina y el Caribe, 2025: cómo salir de la trampa de alta desigualdad, baja movilidad social y débil cohesión social (LC/PUB.2025/23-P). CEPAL. ISBN 978-92-1-157692-4. Página oficial: cepal.org
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